Por Salvador J. Ribas
Durante los pocos minutos que dura la totalidad de un eclipse solar, cuando la Luna cubre completamente el Sol, se acontece un milagro visual: la aparición de la corona solar. Esta luz tenue, filamentosa y delicada es, para muchos, el momento más impresionante de todo el fenómeno, transformando el disco solar en un halo blanco y difuso absolutamente fascinante.

Un misterio que desconcertó a la ciencia
El halo que hoy contemplamos con admiración fue, durante siglos, motivo de gran confusión para astrónomos y navegantes. En el pasado, muchos científicos pensaban que se trataba de un tipo de atmósfera de la Luna o, incluso, de un simple efecto óptico producido por nuestros ojos a causa de la oscuridad repentina. El reto era que la corona solo se podía observar durante unos pocos minutos, desapareciendo inmediatamente después de la totalidad.
No fue hasta el siglo XVIII que el navegante y científico español Antonio de Ulloa realizó una de las primeras representaciones cuidadosas, demostrando que aquella luz tenía una forma propia alrededor del Sol y no de la Luna. En el siglo XIX, la llegada de la fotografía y la espectroscopia permitieron confirmar que la corona está formada por gas extremadamente caliente que se extiende millones de kilómetros en el espacio.

La paradoja de la temperatura
Todavía hoy, la corona solar continúa planteando interrogantes apasionantes para la física moderna. Uno de los hechos más sorprendentes es que su temperatura es muy superior a la de la superficie solar, un fenómeno que todavía se está intentando explicar completamente y que nos recuerda que el Sol todavía guarda secretos por descubrir.

Cita con la historia: 12 de agosto
Cuando llegue el eclipse del próximo 12 de agosto, la corona será, sin duda, la gran protagonista del cielo. A pesar de que la baja altura del Sol en aquel momento puede suponer un reto para la observación, estamos seguros que nos regalará imágenes espectaculares. Será la misma luz misteriosa que ha fascinado la humanidad durante siglos.

¿Sabías que…?
El mito del «coronio»
Durante el siglo XIX, algunos astrónomos llegaron a creer que la corona contenía un elemento químico desconocido que bautizaron como “coronio”. Años más tarde, se descubrió que aquel elemento no existía: lo que habían observado era realmente hierro extremadamente ionizado, calentado a temperaturas de millones de grados.